La importancia de llamarse Anuar

Lejos quedó aquel México nacionalista que se imaginaba a sí mismo como una interminable película del Indio Fernández y se complacía viéndose en el espejo de sus propios mitos. Era un México de cantinas, sombrerudos y bigotones; de nopaleras, cañadas y cielos infinitos, como los de Figueroa; pero lo más importante, era un México de Josés, Juanes y Pedros, un país de nombres decentes. Hoy, en cambio, como resultado del más perverso colonialismo, no es dificil encontrarse con individuos que se hacen llamar Paul Jonathan o Brandón Michél [sic]. Sin embargo, a pesar de sus cacofonías imagino que estos personajes a diario conocen gente nueva, realizan trámites, pasan lista y, en fin, van por estas calles de Dios, sin necesidad de interrogatorios, como si fueran Pedro y Juan. En cambio, si uno se llama Anuar las cosas son muy diferentes.

“El nombre no sólo designa sino que designia”, escribe Hugo de Sanctis. Únicamente alguien con un nombre extravagante puede conocer la verdad de ese verso. Ignoro cuáles fueron las razones de mis padres para bautizarme así. Quizás el significado de mi nombre devele el mal momento por el que atravesaban y las esperanzas que querían proyectar en su primogénito, pues Anuar significa ‘el que da luz’ —era el sexenio de Miguel de la Madrid. Quizás es sólo una condición generacional,  una moda de “nombres raros”, pero llevada al extremo al añadir dos apellidos de extracción árabe y judía, respectivamente: Jalife y Jacobo. Llamarse así lo lleva a uno a la alienación social más radical.

Continúa en Tierra Adentro: http://goo.gl/xmf1Be

Tierra_Anuar03

Ilustración de Abril Castillo

Anuncios

3 comentarios en “La importancia de llamarse Anuar

  1. Don Anuar, ¡que bárbaro! debería publicar para nuestra revista…
    Ansioso de leer el ensayo sobre su abuelo y el episodio de Pérez Prado.
    -Adrián Almonte, alumno.

  2. He de confesar que yo siempre me pregunté ¿de dónde vendrá o quién es, para llamarse Anuar Jalife? (Dicho esto sin intención de meterme en lo que no me importa, tal vez para sumarme a los que imaginan a tu familia llegando a Veracruz en camello). Recuerdo que tuve un compañero que era Víctor Anuart, y que al inicio no pude leer su nombre, y luego pronunciarlo, pero que al final me quedó claro que Anuart era nombre y no apellido.
    Lo mismo le pasó a Gael García, dijo que le chocaba llamarse Gael porque de niño no conocía a ningún Gael, no tenía un tocayo o un santo, y su nombre “raro” le abrumaba.
    Por último, recuerdo que en una entrevista Tedi López Mills dijo que en “El libro de las explicaciones” contaba por qué se llama Tedi, ya que la gente no se cansa de preguntarle.
    Yo tengo un nombre común, que siempre me ha parecido muy largo y muy serio (María Elena), así que a veces imagino como hubiera sido mi vida si me hubiera llamado diferente, si hubiera tenido un nombre rarísimo, o uno de esos nombres compuestos o inventados. Luego me convenzo de que hubiera sido exactamente igual, sólo que con otro nombre imaginando las mismas historias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s